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La ilusión de entender

Lección 10 de 31 del curso «Hackea tu cerebro». Gratis, con animaciones y un test.

“¡Lo sabía!”

Antes de los viajes del presidente de EE. UU. a China y la URSS en 1972, unos psicólogos pidieron a la gente estimar las probabilidades de distintos resultados: ¿se reuniría con Mao?, ¿habría acuerdo? Tras los viajes, pidieron a las mismas personas recordar sus estimaciones. Para lo que sí ocurrió, la gente “recordaba” haber dado más probabilidad de la que dio. Es el sesgo retrospectivo. Cuando sabes el resultado, el cerebro reescribe el pasado y todo parece obvio. Así sobrestimamos lo bien que entendemos el mundo.

Las historias de éxito mienten por omisión

De cualquier startup unicornio se escribe luego una historia bonita: idea genial, tesón, una jugada valiente en el momento justo. Suena a que el éxito era inevitable. Pero miles de equipos con ideas, tesón y valentía parecidos cerraron, y nadie escribe sobre ellos. La suerte casi no se ve en las historias de éxito porque cuesta contarla. Cuando leas “cómo lo logró”, recuerda: la historia se arma a posteriori, y tiene menos receta de lo que parece.

Expertos y pronósticos

Un investigador pasó casi 20 años reuniendo pronósticos de 284 expertos que vivían de asesorar sobre política y economía. Más de 80.000 pronósticos del tipo: el statu quo sigue, habrá más de algo o menos. El resultado fue demoledor: los expertos acertaron menos que si hubieran dado la misma probabilidad a las tres opciones. Y los que más sabían solían ser los más confiados. El conocimiento ayuda a explicar el pasado, pero predecir el futuro en sistemas complejos es mucho más difícil de lo que parece.

La ilusión de habilidad al invertir

Un investigador estudió casi 163.000 operaciones de inversores particulares: casos en que alguien vendía una acción y enseguida compraba otra. Cada uno creía cambiar algo peor por algo mejor. De media era al revés: las acciones vendidas luego rindieron más que las compradas, unos 3,2 puntos porcentuales al año. Y los traders más activos tuvieron de media los peores resultados. La sensación de “entiendo el mercado” es fuerte, pero en plazos cortos hay muchísimo azar.

La falacia de la planificación

En 1997 el nuevo edificio del Parlamento escocés se presupuestó en hasta 40 millones de libras. Dos años después el presupuesto era de 109 millones, luego 241, luego 376. Se terminó en 2004 por unos 431 millones, más de diez veces lo previsto. Es la falacia de la planificación: planificamos para el mejor caso y olvidamos cuánto suele salir mal. Danya hace lo mismo con su trabajo de clase: “lo escribo el finde” se convierte en tres semanas.

La visión desde fuera

Un psicólogo conocido y su equipo escribían un libro de texto. Al cabo de un año, todos estimaron cuánto faltaba: unos dos años de media. Luego preguntó al experto del equipo: ¿cuánto tardaron equipos parecidos? El experto se avergonzó: cerca del 40% nunca terminó, y el resto tardó de 7 a 10 años. Tenía ese dato en la cabeza, pero no lo usó en su propia estimación. El libro se terminó 8 años después. La visión desde fuera es la pregunta “¿cómo les suele ir a otros en una situación parecida?”.

Truco: el premortem

Antes de un plan importante, imagina: pasó un año y todo fracasó. Ahora escribe en cinco minutos la historia de ese fracaso. ¿Por qué pasó? Danya probó así su plan “aprender Python en verano y encontrar un curro”: se le acabó el dinero para el curso, los viajes se comieron el verano, lo dejó al mes por aburrimiento. Curiosamente, cuando el fracaso “ya ocurrió”, las razones salen mucho más fácil que con “¿qué puede salir mal?”. Ahora puedes arreglar el plan antes: curso gratis, horario, compañero.

Hazlo tú: un diario de pronósticos

Durante dos semanas, apunta tus pronósticos con un porcentaje de seguridad: “saco 10 en química — 90%”, “la moneda sube esta semana — 80%”. Luego marca lo que se cumplió. Danya se sorprendió: confianza media del 84%, pero se cumplió uno de cada cuatro. Sin notas, solo recordaría los aciertos y creería entenderlo todo. El diario cura dos cosas a la vez: el sesgo retrospectivo, porque no puedes reescribir un pronóstico viejo, y el exceso de confianza, porque ves tu tasa real de aciertos.

Ponte a prueba

  1. Un equipo ganó un torneo y un amigo dice: “Lo sabía”. ¿Por qué tomarlo con cautela?
    Respuesta correcta: Al saber el resultado, la memoria reescribe las estimaciones. Sí. En el estudio de 1972, la gente “recordaba” haber dado más probabilidad a lo que ocurrió. Es sesgo retrospectivo, no mentira.
  2. Inversores particulares vendían una acción y compraban otra. ¿Qué mostraron los datos?
    Respuesta correcta: Las vendidas luego rindieron más que las compradas. Sí. De media, unos 3,2 puntos porcentuales al año a favor de las vendidas. La confianza en entender el mercado no se reflejó en los resultados.
  3. Danya planea: “Hago mi web de portafolio el finde”. ¿Qué pregunta da una estimación más honesta?
    Respuesta correcta: ¿Cuánto suelen tardar otros principiantes en una web así?. Exacto. Es la visión desde fuera: la experiencia de otros incluye todo lo que suele salir mal, a diferencia del plan del mejor caso.
  4. ¿Qué es un premortem?
    Respuesta correcta: Imaginar que el plan ya fracasó y escribir por qué. Sí. Cuando el fracaso “ya ocurrió”, las razones salen más fácil y puedes arreglar el plan antes de empezar, no después.

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